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Antiguo 13-05-2007, 21:09:20
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Predeterminado Diario De Viaje- 1º Parte

Hola de nuevo! Aquí os dejo, la primera parte de nuestro viaje, el crucero por el Nilo. Creo que me he enrollado demasiado.. intentaré ser más breve en la parte del Nasser y Cairo! Voy a intentar subir unas fotos, a ver si me sale...


Lunes 30 de abril. 6.00 horas. Suena el despertador. Vaya madrugón! Qué poco imaginaba yo (a pesar de ir avisada) que ponerse en pie a esa hora iba a ser un lujo inalcanzable los próximos días. A la ducha, el café con leche, el neceser a la maleta… y ésta que casi no cierra. Cogemos otra o no? Son las 6.50 y nuestro taxista particular (abnegado amigo de A. que nos lleva al aeropuerto) nos espera ya debajo de casa, así que decidimos bajar; una vez que la maleta está en el coche, decidimos subir a casa a por la maleta pequeña. Los reyes del ‘por si acaso’.

Tres horas y media después, cogemos nuestro primer vuelo del día, destino Barcelona. A las 11.50 debíamos presentarnos en el mostrador de Transrutas, nuestra mayorista. Tras leer el periódico y tomar el preceptivo café y bocata en el aeropuerto, protagonizamos nuestra primera anécdota en plan ‘El abuelo en la ciudad’: como no vimos por ningún lado el mostrador, nos pusimos en la cola de embarque. 5 minutos antes de llegar al mostrador nos llama una chica de la mayorista: ‘¿Dónde estáis?’ . ‘¿Nosotros? Aquí, en la cola…’ Tan ricamente. Menos mal que nos cogió a tiempo para entregarnos los bonos y no tuvimos que rehacer la cola.
Sobre las 19.00 horas aterrizamos en el aeropuerto de Luxor. Recogemos la maleta, cambiamos dinero, nos echan el sello, nos presentan al guía y, al finalizar todos los trámites, salimos del aeropuerto, recorremos un tramo de infierno (ya ha anochecido y hace un calor espantoso) y subimos al autobús. Nos llevan a la motonave (Moon River) y nos sientan a cenar, con otras seis personas: un chasco. En un viaje organizado, es importante congeniar con el grupo. Desde el primer momento (cosa que después confirmamos día tras día) vimos que no iba a ser posible… Segundo chasco: el camarote. Pequeño, mal iluminado, viejo, con un baño que entrabas de canto, que se inundaba, con una ducha con una alcachofa que no se sujetaba… Y situado junto a la discoteca del barco atracado detrás nuestro, con la música a todo trapo. Intentamos cambiar de habitación y nos ofrecen una en galeras. Nos quedamos con la primera, porque nos aseguran que la disco echa la persiana temprano. A. y yo estamos que trinamos, así que decidimos salir a pasear por Luxor, para que nos dé el aire e intentar relativizar.

Salimos a la corniche y en menos de un minuto estábamos rodeados: caleseros, taxistas, vendedores de tabaco, gente pidiendo que le cambiáramos monedas de euro por billete, gente diciéndote que hacia donde íbamos no había nada, que mejor fuéramos al mercado egipcio (la turistada)… ¡ Sólo queríamos tomar el aire! Finalmente, subimos a una calesa con Ibrahim, un chaval muy simpático que nos provocó la primera sonrisa desde que llegamos a Luxor –no sería la última, porque, a pesar de este desastroso inicio, el viaje ha sido fantástico–. Ibrahim nos regaló un paseo fascinante por las callejuelas de Luxor, metiendo su calesa por calles estrechísimas dónde a pesar ser como las 10 de la noche, los lugareños iban de un lado a otro, hacían sus compras en el mercado nocturno (que supongo será el mismo que el diurno, pero desgraciadamente no pudimos ver Luxor de día), charlaban en las esquinas, en los cafés…

Martes 1 de mayo. A las 4.15 horas suena el despertador. Tenemos por delante el día más intenso del programa: Karnak, Luxor, Valle de los Reyes y Hatshepsut. Retomamos nuestro contacto con el barco: el desayuno es horroroso. ¡Con lo que yo disfruto del desayuno, sobre todo en vacaciones! Salimos pitando para coger el autobús que nos llevaría a Karnak, para lo cual debemos atravesar una pasarela de seis o siete barcos, que están atracados delante del nuestro. Descubrimos, además, que el barco ha navegado de noche, y que el autobús es para deshacer el camino realizado por la motonave. Una sensación constante a lo largo de todo el viaje, ha sido la pérdida de tiempo en trayectos diversos que no me parecían tener ninguna lógica… A cualquier pregunta sobre esa cuestión –y sobre cualquier otra– nuestro guía en el Nilo, respondía con una perorata ininteligible y aducía a motivos de seguridad; curiosamente, el mayor de los peligros en Egipto me han parecido los convoyes: los conductores echan el resto de su peculiar manera de conducir cuando van en convoy, haciendo carreritas, charlando por la ventana, metiéndose en dirección contraria… Todo ello bajo la atenta mirada de la policía turística, que debe estar entrenada para proteger al turista de un atentado terrorista, pero no de un accidente de tráfico.

Volviendo al barco, un grupo de 8 ó 10 personas nos quedamos atrapados en una motonave que no era la nuestra intentado llegar a tierra. Al parecer, desde Luxor, las motonaves se lanzan a una carrera para coger posiciones y poder atravesar cuanto antes la exclusa del Esna. Nos quedamos todos allí, con cara de pavos. Nadie en el Ti Yi (la motonave que nos ‘secuestró’) nos decía nada a nosotros, mientras que iniciaban una acalorada discusión por teléfono y desde la puerta con a saber con quién. Por fin conseguimos que una persona que hablaba inglés nos dijera algo: que nuestro barco se había largado y que ellos tenían que seguir, que era su culpa. No sé cómo, al final desembarcamos. Nos subimos al bus y el guía nos echó un rapapolvo, igualito que si estuviéramos en la guardería. Decía que él había sido el último en salir para llevar al grupo y que nos habíamos despistado nosotros. Curiosamente, gente que llegó a tierra antes que nosotros decía que él estaba en tierra firme cuándo ellos habían llegado… A lo largo del día, nos caerían más broncas. Desde luego, nuestro guía en el Nilo, ha estado muy lejos de aquellos sobre los que he podido leer en el foro: era impuntual, desorganizado, no hablaba bien castellano, no daba más explicaciones que las justas y necesarias, no respondía a preguntas, no se relacionaba con la gente del grupo ni por las noches ni en las fiestas, no aceptó bien que nosotros no quisiéramos excursiones opcionales porque queríamos salir por nuestra cuenta…
Me enrollo sola. Por fin llegamos a Karnak, esa superposición de templos fantásticos, donde los sucesivos faraones quisieron dejar su impronta, mostrar su grandeza por encima de sus antecesores, con los dioses como aliados. ¡Qué maravilla adentrase en el recinto de a través de la avenida de los carneros y vagabundear por la gran sala hipóstila! ¡Qué pequeño se siente uno, perdido en ese laberinto de pilones, templos, capillas, columnas, obeliscos…! Hablando de obeliscos: fue o no Hapshetsup la reina que ‘inventó’ el obelisco? El guía nos dijo que sí, que lo hizo como forma de ganarse el respeto del pueblo, haciendo algo nunca visto. Pero por ahí hemos leído que no…
Es difícil reconstruir mentalmente cómo debió ser el templo en su día, debido a la gran cantidad de ampliaciones que se realizaron. Por eso, aunque más modesto, el templo de Luxor me resultó más ilustrativo en ese sentido. (Lo confieso: aunque siempre había tenido interés por viajar a Egipto, mis conocimientos sobre el Egipto faraónico son muy limitados, así que todo ha sido nuevo para mí, y la verdad es que las dinastías, los dioses y los jeroglíficos continúan siendo una asignatura complicada).
Desde el templo de Luxor tomamos una motora (según nos puntualizó el guía, para recuperar el tiempo que habíamos perdido atrapados en el barco, ya que de lo contrario hubiéramos ido en bus) para dirigirnos a la orilla occidental y adentrarnos en la necrópolis de la antigua Tebas. Primera parada: los colosos de Memnon. Bajar, disparar la foto y subir al autobús. En plan tour de japoneses 100%. Ni media palabra de la hermosa leyenda de la estatua que lloraba al amanecer. Amenhotep III, desde luego, no ganó en este templo su pulso a la eternidad. Los colosos, únicos testigos y guardianes de lo que debió ser un recinto mayor incluso que Karnak, dan lástima más que impresionar, a día de hoy, atravesados por esas profundas cicatrices que les ha dejado su larga vida de vigías.
A pesar del madrugón que nos habíamos pegado, serían ya las 10.30 cuando llegamos a Deir el Bahari, y el calor apretaba los suyo. Aparecieron también los mosquitos, en busca de su almuerzo: las únicas picaduras del viaje, son de allí. Como sucede ante tantas otras maravillas en Egipto, no hay palabras para describir el templo de Hapshetsup. Hay que verlo. Hay que ver cómo ha desafiado al tiempo, mimetizado con el árido y escarpado paisaje de roca caliza. Cómo ha sobrevivido a los faraones que quisieron borrar en nombre de la reina, a los destrozos de los primeros cristianos… Hay que verlo, porque en las fotos no me parecía para tanto. Y, sin embargo, si uno consigue abstraerse de las andanadas de turistas, se escucha un silencio inmenso y se puede intentar imaginar cómo sería el templo en la antigüedad, con sus terrazas intactas, rodeado de árboles y jardines, su avenida de esfinges, las estatuas intactas, la policromía de los relieves…

Desde allí, y ya con el sol en su cénit, nos dirigimos al Valle de los Reyes: el entorno más propicio para que los faraones excavaran sus tumbas, porque la muerte parece haber habitado allí desde siempre. Visitamos las tumbas de Ramsés IV, Ramsés III y Siptha. El guía no dio opción, así que no sé si son las mejores, las peores o qué. En cualquier caso, en la primera (que tuvieron que acabarla a toda prisa, porque Ramsés IV murió antes de estar finalizada) contemplamos una preciosa pintura de la diosa Nut, que con su cuerpo salteado de estrellas se traga todas las noches el sol para darlo a luz cada mañana. La tumbar de Ramsés III parece ser de las más largas del Valle de los Reyes. Las escenas y los bajo relieves de esta tumba deben ser muy interesantes, pero lo cierto es que como el guía no entra contigo, y además apenas hay tiempo, estás un poco perdido y es difícil encontrar las escenas en las que hay que fijarse. La tercera tumba, la de Siptha, está inacabada.

Regresamos al barco (en convoy, por supuesto, tras haber esperado una hora), y nos dicen que toca esperar a que el barco cruce las esclusas de Esna. No podemos salir a dar una vuelta, porque puede cruzar en cualquier momento. Nos dicen que los barcos cogen su turno para cruzar la exclusa según llega por la mañana, como en la carnicería. También tienen calculado cuánto tarda en cruzar cada uno, por lo que creo que más o menos, tienen que saber si cruza a las 17.00, a las 19.00 ó a las 22.00. Mi impresión es que no quieren que los turistas deambulemos por ahí. A saber por qué, ya que cuando por fin conseguimos escaparnos y andar por nuestra gente, descubrimos que la gente es súper amable y que el acoso al turista se limita a los mercados que tienen montados alrededor de los monumentos. Finalmente, ‘en cualquier momento’ se convirtió en las 10 de la noche o más. Por lo visto, el Moon River llegó a la esclusa en último lugar…. Así que pasamos la tarde entre comer, echar la siesta, la terraza… Y, sobre todo, alucinando con la habilidad de los egipcios para mover esas barcazas de madera con remos sin pala y para mantenerse en equilibrio de pie mientras tratan de vender las chilabas para la fiesta del día siguiente. Y alucinando también con la paciencia que tienen, pues los turistas nos debemos pensar que aquello es El Corte Inglés: Me gusta ésta pero en azul más oscuro… ¿No tienes una talla más pequeña? Quiero esta, per de manda corta… Es que me queda larga…

Miércoles, 2 de mayo. Veo que me estoy enrollando mucho, así que voy a intentar ser más breve. La motonave ha navegado de noche hacia Edfú. Nos montan en una calesa, que A. y yo compartimos con un matrimonio de nuestro grupo. Nosotros vamos encantados, descubriendo cómo la ciudad va despertando: los comercios suben las persianas, los campesinos llevan su mercancía en sus carros tirados por burros, hay ya gente en los cafés, tomado el primer té del día… Deseamos bajarnos de la calesa y caminar entre ellos, pero no nos dejan. Vamos empaquetados y es lo que toca. Nuestro entusiasmo no es compartido por nuestros compañeros de viaje, que parece que acabaran de descubrir que del Egipto de los faraones ya no quedan más que sus monumentos (lo que queda): la calesa es incómoda, el calesero un jeta, la gente viven como se vivía en los pueblos de España hace 60 años, todo es sucio…

El templo de Edfú, dedicado al dios Horus, es precioso. Tan bonito como el propio templo, es además, el entorno que lo rodea, con los retos de otros pequeños templos, el muro de adobe… me recordaba a Bam (visto por televisión), antes de que el terremoto lo destruyera … Más pequeño que los que hemos visto hasta el momento, Edfú está mucho mejor conservado y nos permite saber cómo eran los templos más antiguos (puesto que es una réplica muy posterior de los antiguos templos, del periodo ptolemaico; voy ampliando mis conocimientos). Por primera vez, en este templo de Horus observamos como los coptos, cuando se refugiaban en los antiguos templos egipcios huyendo de sus perseguidores, se dedicaron a picar todas las imágenes que ellos consideraban paganas. Tanto trabajo para crear, tanto trabajo para descubrir. No sé si la fe mueve montañas, pero desde luego impulsa tanto la pasión creadora como el afán destructor, en todos los tiempos.
Quizá, después de todo, haya sido una suerte que el viento y la arena hayan mantenido ocultos durante cientos, miles de años, tantos monumentos. Sin embrago, me parece inexplicable que la gente, de pronto, un día, abandonara los pueblos, sin más, y que el viento se encargara de ocultar tantas maravillas hasta el siglo XIX.
De camino a la calesa, sobrevivimos al ACOSO de los vendedores del mercado. Aunque mi impresión general es que son mucho menos pelmas que la fama que tienen, lo cierto es que en Edfú si que nos sentimos incómodos: te agarran del brazo, te dan sus tarjetas, te montan el número si nos vas a su comercio, cuando llegas al templo te ponen pañuelos (aunque les digas la shu kran una y mil veces) para que a la salida les compres a ellos… Pero, desde luego, esa no es la tónica general, pues aunque intentan vender (es su forma de vida), son respetuosos y amables, mucho más que en muchos comercios de por aquí.

En el trayecto de vuelta a casa, un niño corre junto a la calesa pidiéndonos bolígrafos; a pesar de que había llevado un buen montón de ellos (tras leer sobre ello en el foro) ¡no me acordé de meterlos en la bolsa! Rebuscando, conseguí encontrar uno en el fondo y se lo dí. ¡Vaya sonrisa! Parece mentira… la de bolis y lápices que se acumulan en nuestras casas, de la manera más boba, hasta que se secan, hasta que un día de limpieza los tiramos… Y lo contento que se pone un niño del que ni siquiera llegas a saber su nombre cuando se lo regalas… ¡Un tesoro! El boli para él, su sonrisa para nosotros…

Llegamos al barco y una gran noticia: por fin vamos a navegar!!! De ruta hacia Kom Ombo, sería prácticamente el único día del viaje por el Nilo en que navegaríamos de día y podríamos disfrutar del paisaje. ¡Y qué paisaje! A. decía que le recordaba a los belenes. Lo cierto es que con sus palmeras, los cultivos, las pequeñas playas, las mujeres lavando la ropa en las orillas, las pequeñas casas, los niños bañándose o remando (¡cómo reman!)… el Nilo ofrece estampas idílicas, únicas. Es un auténtico lujo sentarse en la terraza, a la sombra, y dejar pasar el tiempo, mirando a una orilla y a otra, alternativamente, para tratar de absorberlo todo.

Parada en Kom Ombo. Son alrededor de las 15.30 horas, por lo que el calor es bastante insoportable. Buscando la sombra, hacemos cola para ver los cocodrilos fosilizados (bastante asquerosos, en mi opinión), y para atender las explicaciones del guía: nos muestra uno de los dos únicos calendarios del antiguo Egipto que se han conservado y los relieves del arquitecto-médico Imhotep, donde se observan una especie de sillas calientes en las que se sientan las mujeres embarazadas para dar a luz (sistema que, según el guía, se sigue utilizando hoy en día). También nos explica el significado de la cruz de la vida. Como tenemos tiempo libre hasta que zarpe el barco, decidimos dar una vuelta por el pueblo para dusfrutar de un ratito a nuestro aire. Imposible. Para salir del recinto donde se ubica el templo –y los cafés y los puestos que lo rodean– hay que atravesar un control policial. Y no te dejan. Sin más explicaciones, claro, porque no hablan, o en ese momento no quieren hablar, inglés. Así que nos tomamos una hola hola pesicola en uno de los varios cafés que están junto al templo, uno en el que habíamos visto a un grupo de músicos que en el momento de llegar nosotros estaban descansando. No por mucho tiempo. A la llegada de cada nuevo grupo de turistas se levantan, diligentes, se acercan a la mesa, y a cambio de bakshees te ponen en turbante, te dejan tocar ese instrumento de cuerda que venden a un euro (y que a cuenta de dejarlo para después finalmente no me traje), se sacan la foto contigo, y a otra mesa, mariposa. Tras el descando, nos damos una vuelta por una ‘reproducción’ a pequeña escala de una casa rural o pueblo nubio que tiene por allí: el taller artesano, las gallinas, ovejas y burros campando a sus anchas, y el taller donde las mujeres hacen los collares y cosen los pañuelos de monedas, trabajo de chinos que se hace en Egipto. Intento comprar un cinturón sólo de monedas (no había ninguno a la vista, pero era un encargo) y me cuesta un buen rato hacerme entender que no es que no quiera rojo, azul, negro o naranja… que lo quiero sin tela, ‘just coins, gold colour’. Por fin, una chica joven me entiende y le lleva hasta la tienda, donde tienen varios para elegir. Como llevo el encargo con precio máximo establecido, y le regateo no es lo mío, al final no compro el cinturón. El last price del vendedor son 15 euros le digo que no, me marcho y no me sigue… compra fallida.

Cuando regresamos al barco, para zarpar hacia Asuán, vemos que una nube negra oscurece el cielo. No son los barcos (que también ayudan), sino las fábricas de caña de azúcar, el producto principal de la zona. Nuestro barco empieza a hacer maniobras extrañas: en vez de continuar hacia Asúan, da la vuelta y navega de nuevo hacia Edfú, y después de acerca peligrosamente a tierra. ¿Habrá encallado? Nos asomamos a la proa, y vemos atónitos que han colocado una pasarela de madera y están recogiendo tierra en cubos que, con habilidad de funambulista, unos de los marineros sube al barco. Además, la tripulación y unos niños que ayudan a su padre en el campo hacen un trueque: pan por caña de azúcar. Sin aclarar el misterio de la tierra, media hora después el barco vuelve a cambiar de rumbo y nos dirigimos a Asuán, a donde llegaremos alrededor de la media noche. Por cierto, esa noche toca fiesta de la chilaba. A., que desde que decidimos venir a Egipto ha jurado que él no se pone una chilaba, ha claudicado: se ha comprado una estupenda, parecida a la que llevan ellos a diario, y parece el guardián del templo de Luxor. Yo también me pongo mis mejores galas y allá vamos. Como hemos regado la cena con vino egipcio los pasos nos salen estupendamente….

Jueves, 3 de mayo. El programa de hoy incluye tan sólo la visita al obelisco y a la gran presa, y un paseo en faluca. La víspera, nos han ofrecido excursiones opcionales al poblado nubio, así como al espectáculo de luz y sonido de Philae, pero no las hemos cogido, porque queremos disfruta de un día de ‘libertad’, algo que no sienta nada bien al guía. Nos pregunta que qué vamos a hacer en todo el día y le decimos que nos vamos a Isla Elefantina (gracias a la guía Lonely Planet, estupenda recomendación del foro) sabíamos que hay aquí un par de pueblos nubios), a pasear por el mercado… Nos puso todo tipo de pegas. Oídos sordos. Por la mañana, compartimos el paseo en faluca con otras cuatro personas (el resto del grupo, ha ido a Abu Simbel; nosotros, como vamos al Nasser, tenemos esta mañana libre). En medio del Nilo, toca canción popular: no sé para los demás, pero para mí fue el momento más ridículo del viaje. La canción ya nos la sabíamos, ( O a le le) porque los camareros del barco llevaban un par de noches coreándolas: había varias parejas que celebraban su aniversario, o estaban de luna de miel, o de cumpleaños, y los camareros les sacaban a cantar y bailar después de la cena… En fin, que es bonito ver el folklore del país (vimos danza del vientre, derviches y un espectáculo nubio, días después, en el Nasser) y me animé a bailar en todos ellos, pero allí, en medio del Nilo, dando palmaditas con cara de dónde podría meterme yo….

A lo que iba. A medio camino, el guía y las otras cuatro personas cambian a una motora y el guía les dice a los dos chicos que llevaban la faluca que nos lleven de vuelta al embarcadero. Curiosamente, en cuanto el guía desaparece uno de los chicos se acuerda de que habla inglés y nos pregunta qué queremos hacer y por cuánto. Les decimos que queremos ir a Isla Elefantina, a visitar Siou o Koti, los pueblos nubios, que nos esperen y después regresar al embarcadero de Asuán. Nos hacen su oferta, hacemos la nuestra y, como no hay acuerdo, y tampoco un solo soplo de viento, apagan el motor y abren las velas. Ahí estamos, en medio del Nilo, quietitos, echando el pulso a esta nueva estrategia negociadora. Ellos tienen todo el día, claro. No hay mucho business, así que les da igual pasar la mañana en medio del río, o amarrados en la orilla. Yo soy más partidaria de esperar un rato, pero A. me dice que me estoy volviendo tacaña, que el precio que nos dan (10 euros por ir, esperar y volver, más tres figuritas: elefante, camello e hipopótamo) está bien. Yo digo que en la guía se mencionan precios mucho más bajos por lo mismo. Al final, como no es plan de pasar allí toda la mañana para terminar cediendo igual, les decimos que OK. Enseguida pliegan las velas y ponen en marcha el motor. Nos llevan a Isla Elefantina (a donde según nuestro querido gruía no se podía ir, porque los embarcaderos son privados de los hoteles). Nada más bajarnos de la barca, nos aparece un señor mayor, que dice ser el jefe del pueblo. Por otros diez euros (a pagar únicamente si nos gusta la visita) nos ofrece un tour por el pueblo. Ve que llevo el LOnely Planet y me dice que él sale ahí. Es cierto, al menos aparece un hombre que se llama igual, Hamdi, y que ofrece el mismo servicio. Nos dio un exhaustivo paseo por todas las callejuelas del pueblo, mostrándonos los ‘nice colour’ de puertas y ventanas. El ‘Nubian blue’ parece ser el color más apreciado. Vimos la mezquita, la fuente para lavarse antes de la oración, el huerto comunitario… Y los vecinos, ocupándose de sus tareas cotidianas: cuidar de los animales, preparar la comida, cuidar de los niños pequeños, arreglar la casa… También fuimos a una casa Nubia, donde tomamos un té, vimos un cocodrilo, nos ofrecieron tatuajes… Y conocimos a otro señor (¿sería otro Hamdi? También estaba haciendo de guía de una familia americana….) que tenía un hermano viviendo en A Coruña, que trabajaba de pescador, en Terranova. Eso sí, nuestro Hamdi no nos llevó a la escuela, porque, según él, estaba a ’30 minutes walking, too far’. Así que no hemos aprendido a contar en árabe, ni hemos visto a maestras de ojos brujos, ni hemos podido dejar allí los bolis que llevamos, pero lo cierto es que el paseo nos gustó mucho, así que, por supuesto, le dimos los diez euros. Y le hicimos una foto, de propina.

De vuelta a la faluca, nos encontramos a nuestros marineros descansando, de charleta con los de las demás barcas, comiéndose unos mangos a los que todavía les quedaba un mes en el árbol, según nos había dicho Hamdi. No parecían estar muy contentos con nosotros, porque no nos dan conversación y contestan con monosílabos… habían recogido toda la mercancía, dejando los tres animalillos y un collar que me había gustado al principio; no sé si lo dejaron para renegociar, o porque habían entendido que los diez euros eran por el viaje, el collar y las figuras. Me entró la pereza, así que cogimos el zoo, les dimos los diez euros, y mi madre se ha quedado sin collar.

El resto de la mañana, la pasamos paseando por el inmenso zoco que es Asuán. En lo que íbamos mirando en el plano, para decidir por qué bocacalle nos teníamos que meter, nos encontramos con él: no es difícil, porque parece ocupar todo el centro de la ciudad. ¡Qué gozada de mercado! Nada de recuerdos para guiris (bueno, algo sí, pero apenas) y apenas turistas: en dos o tres horas de callejero, sólo vimos a otras dos parejas. Puestos de frutas y verduras, carnicerías y casquerías (vaya cámaras frigoríficas, ¿eh? ), telas, zapatos, música, recambios para coches, farmacias , especias, puestos de comida rápida made in Egipt… todo lo que se pueda imaginar, más la estrella del lugar: el planchador. El señor planchaba las chilabas con una enorme piedra caliente que sujetaba con un mango de hierro, pero lo bueno de verdad era el sistema que utilizaba para echar el vapor: bebía agua de una taza y la pulverizaba sobre la tela con la que cubría las ropas… Increíble.

De vuelta en el barco, para la comida, amenizamos a nuestros compañeros de mesa con los detalles de nuestro paseo y nos miran como si fuéramos marcianos, sobre todo cuando les decimos que nos hemos comido un falafel en un puesto callejero. Por la tarde, nos llevan a ver el obelisco y la gran presa. Como he leído en otro de los relatos, absolutamente prescindibles. Anda que no hay cosas que ver en Asuán. Del obelisco, lo más memorable es la chicharrera que hacía en ese momento; la presa, es una gran obra de ingeniería, por supuesto, un proyecto faraónico moderno. Pero tanto ir y venir, nos dejó sin tiempo para ir a Philae de día, que es lo que nos apetecía hacer. Cierran muy pronto, sobre las 17.00 horas. Después, a partir de las 18.30, empiezan los espectáculos de luz y sonido. O eso nos dijeron en la oficina de turismo, a donde nos fuimos a confirmar los horarios. Me parecía muy pronto, teniendo en cuenta que había mucha luz. De todas maneras, cogimos un taxi y allá que nos fuimos. Al llegar al embarcadero, vemos que la taquilla está cerrada y que el primer espectáculo es a las 20 horas, algo mucho más lógico. Además, es en francés. Yo no entiendo más que cuatro palabras, pero decidimos esperar tomando un té en un bar que había junto a las taquillas, porque queremos ver la isla y no queremos coincidir con el grupo, que va a ver el espectáculo de las 21, que es en castellano. No queremos que el guía nos eche más discursos. En fin, después de una hora de espera, abren la taquilla, pagamos las entradas y nos damos cuenta de que estamos sin fondos en moneda egipcia para coger la barca (que no sabíamos cuánto costaba) ni para pagar al taxista, Mustafá, con quien habíamos acordado 30 libras. Qué sudores, rebuscando en los bolsillos cuántas monedas de euro teníamos por allí. Por suerte, en el embarcadero había una pareja joven, francesa, que estaban esperando a que llegara más gente con la que compartir motora y gastos. El capitán aceptó que le pagaramos en euros, y todavía teníamos otros 5 para pagar al taxista, así que la crisis no fue a mayores.

Philae es precioso. Es un crimen que el programa no te lleve allí de día, sobre todo cuando de camino al obelisco y la presa pasas tan cerca del embarcadero. De noche, de todos modos, es también un sitio mágico. La iluminación hace que los relieves parezcan mucho más marcados, todas las escenas se ven maravillosamente. La isla es un lugar mágico, onírico, que hace honor a la diosa Isis. Al no entender ni papa del espectáculo (una narración bastante horterilla, según me dijo A. y a la que le sobraba un cuarto de hora, que debían dejar libre para vagar por los templos, que son maravilloso), nada más que algunas frases sueltas, disfruté de un momento único, dejándome llevar por la imaginación y disfrutando de uno de los lugares más bonitos e inolvidables que he visto en este viaje.

Para terminar el día, terminamos cenando, con las manos y una cuchara, un pollo asado, acompañado de alubias, patatas, tomate y arroz, que nos supieron a gloria, en una bonita tasca de Asuán...
Imágenes Adjuntas
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Antiguo 13-05-2007, 21:37:46
La cuarta pirámide La cuarta pirámide is offline
Navegando hacia Beni Hasan...
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Predeterminado

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...Para terminar el día, terminamos cenando, con las manos y una cuchara, un pollo asado, acompañado de alubias, patatas, tomate y arroz, que nos supieron a gloria, en una bonita tasca de Asuán...
Si no me falla la vista la foto de la tasca pertenece al "restaurante" de Mossul o Mansud (no recuerdo bien); un antiguo piloto de barco que abrió este establecimiento especializado en comida "casera" de Egipto. Los clientes son en su gran mayoría, tripulantes y marineria de los barcos. Se come muy bien, en cantidad y muy barato. (Cuidado con los picantes.)

Enfrente mismo de este local, te encuentras con una tienda de ropa bajo el rótulo de "Zara". No tiene nada que ver con el Zara de aqui, pero te venden los tejanos de la marca y modelo que tu quieras por unos 8/15 Euros, y las camisas de vestir de auténtico algodón egipcio entre 1/3 Euros.

Saliendo del restaurante, y a la izquierda, al final de la calle te encuentras con el mercado de frutas y verduras... Y si es por la derecha, en la esquina, se halla la mejor teteria de Asuan para "guiris" con shisha incluida. (Eso sí, en plan "todo vale")

Vaya recuerdos... Saludos

Última edición por La cuarta pirámide fecha: 13-05-2007 a las 22:37:18.
  #3  
Antiguo 13-05-2007, 22:55:28
Viajar a Egipto Viajar a Egipto is offline
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Predeterminado

Jo, que mala suerte habeis tenido con el guia. La verdad que cuando se retuercen las cosas pues sale todo mal, pero esa misma sensación la hemos tenido nosotros. Con la habitación nos pasó lo mismo, perdía agua el water pero yo me lo tomé a guasa ya que nos vino el chico que hace las habitaciones que además hace de mantenimiento,maletero y en fin que sólo le faltaba que el jefe le metiera la escoba donde acaba la columna, ya me entendeis,para barrer mientras iba haciendo las cosas.
La verdad es que al principio te agobia todo un poco pero a medida que va transcurriendo el viaje no sé porque es pero te acostumbras y te lo pasas estupendamente.
Con tu relato me he acordado de mi viaje. Sigue que está muy bien tu relato.
Un saludiño
  #4  
Antiguo 14-05-2007, 09:58:47
AnubisTGN AnubisTGN is offline
Rumbo a Debod...
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Predeterminado

¡Cuántas emociones, verdad NGB?!

Uno está preparando su viaje, que parece que nunca llega y de pronto... ¡Zas! Ya está de regreso, narrándonos todas sus vivencias. Me alegro de que lo hayas pasado genial y de Egipto te haya "atrapado" también (cosa que no es difícil). Me quedo leyendo tus recuerdos

Hasam, me sorprendes más cada día:
"Si no me falla la vista la foto de la tasca pertenece al "restaurante" de Mossul o Mansud (no recuerdo bien); un antiguo piloto de barco que abrió este establecimiento especializado en comida "casera" de Egipto..."
Estás en todo, qué guay contar con tu apoyo.
  #5  
Antiguo 14-05-2007, 10:58:14
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Su Simbel Su Simbel is offline
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Predeterminado

HOla NGB, de enrollarte nada, aqui nadie se enrolla suficientemente con su relato .

Me alegra saber que quitando algun "inconveniente" egipto te ha cautivado igualmente
  #6  
Antiguo 14-05-2007, 12:26:41
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Nefer-Sekmet Nefer-Sekmet is offline
Avistando el Horizonte de Aton...
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Predeterminado

Bueno NGB, de todo aprendemos, y creo que a pesar de tener un mal guia disfrutasteis del viaje, eso es importante.

Salu2...............
  #7  
Antiguo 14-05-2007, 13:42:32
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Enigmático Tekenu Enigmático Tekenu is offline
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Predeterminado

NGB. me alegro ver que a pesar del guía , habeis disfrutado del viaje..

A ver... ¿que ocurre en el siguiente capitulo???

Saludos
  #8  
Antiguo 14-05-2007, 15:03:12
shukran_habibi shukran_habibi is offline
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Predeterminado

me gusta el "el aire" que le has dado al relato...me gusta no, me encanta.Enhorabuena
  #9  
Antiguo 14-05-2007, 16:41:45
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corocota corocota is offline
Avistando Gizeh...
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Predeterminado

NGB, vaya mala pata que tuviste en principio, menos mal que te lo tomaste con filosofía. Hay un detalle que me has dejado helada, ¿qué se fué el barco sin vosotros y encima os echaron la bronca? , me parece una falta de profesionalidad total, olvidarse de tus clientes, menos mal que fué allí, que si es en Abu Simbel...
__________________
Deja que tus sueños sean una realidad
  #10  
Antiguo 15-05-2007, 09:41:44
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NGB NGB is offline
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Predeterminado

La verdad es que sí, que pese a los inconvenientes hemos disfrutado muchísimo del viaje, sin duda es un lugar al que regresar.

Gracias Shukran por lo del 'aire'.

En cuanto a lo del barco, Cocorota, puede que me haya explicado mal, porque ni yo misma sé qué pasó: salíamos a hacer la 1º excursión del viaje (Karnak, Luxor, Valle de los Reyes...); para llegar a tierra hay que cruzar por las motonaves que están atracadas por delante de las tuyas en los muelles. Pues bien, dejamos la nuestra, pasamos a la siguiente, y en ésta nos dicen que ellos zarpan ya, y que volvamos a la nuestra, la Moon River. Pero ésta ha cerrado las puertas y por mucho que los del Ti Yi (en la que nos quedamos) aporrea la puerta y les grita, no hay manera: se van, y nosotros nos quedamos en un barco que nos dicen que también se tienen que ir... Al final, cuando bajamos a tierra, el guía (que decía haber salido el último) nos echó la bronca por quedarnos atrás...

La escenra resultó un tanto desconcertante, nos pasó el 1º día, habiéndonos despèrtado a las 4.15... pero bueno, al final desembarcamos, menos mal que no nos llevaron a Esna....

Saludos!
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